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La viña, el castaño, el nogal, introducidos por los romanos, las setas, los mízcalos, los morillas, las trufas son tantas riquezas que los habitantes de Perigord se sienten siempre orgullosos de presentar. Pero es con recelo y de manera muy elíptica que describirá el arte y la manera de encontrarlas. La época exacta, el lugar exacto donde se hallan aquellos tesoros es un secreto que no dice nunca.
Por fin, no olvidemos la oca ni el pato que la crianza, la cebadura y la transformación artesanal han situado al rango de productos de lujo francés.
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